lunes, 30 de mayo de 2011

A MIS COLEGAS...

 Decir que el bloqueo a Clarín es el hecho más grave desde el retorno a la democracia es, cuanto menos, un olvido digno de ser revisado por una eminencia en neurología o, por qué no, en psicología.

Pareciera que es importante recordarles a ciertos colegas, con toda la tristeza que siento por como representan esta profesión que compartimos, que desde el año 1983 a la fecha se han sucedido muchas situaciones que capaz, espero así sea, su avanzada edad no les permite recordar.

Les recuerdo, colegas míos, que vivimos en el país donde se produjo un levantamiento militar para presionar, con éxito, a un gobierno constitucional para conseguir la impunidad de los fusiles asesinos.

Les recuerdo, colegas míos, que fue en este país, y no en otro, donde hubo 5 presidentes constitucionales en una semana.

Este es el país donde votó un diputrucho. Es el país de la banelco, utilizada por un gobierno que arrodillado frente a los intereses extranjeros busco y consiguió cercenar derechos de los trabajadores.

Este es el país donde un joven llamado Mariano Ferreira fue asesinado por defender un ideal y solidarizarse con causas ajenas, que hizo propias. Su vida fue arrebatada por el simple hecho de ser militante de una causa que creía justa. Este también es el país donde todos los días nos preguntamos ¿Dónde está Julio López?

Creo que podría seguir y seguir, pero estimo que al leer esta breve sinopsis de hechos de nuestra historia, empezaran ustedes mismos a recordar más y más cosas aberrantes que son dignas de su pronunciamiento.

Si la excusa será que sólo se referían a cuestiones relacionadas con la libertad de expresión, les recuerdo, colegas míos, que vivimos en el país en el que a un camarógrafo le costó la vida haberse atrevido a realizar su trabajo. El simple hecho de haber sacado algunas fotos significó una mujer viuda, una hija sin padre, un mártir y un país de luto. Hoy me parece de vital importancia recordarles "NO SE OLVIDEN DE CABEZAS".

Me despido de ustedes colegas míos, con la profunda convicción de que si pudieran leer estas líneas se retractarían de sus palabras y todo quedará como un olvido, tal vez, producto de la edad.

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